¡Sal del clóset, México!

March 5, 2014    

México es un país activo en el mundo y con responsabilidades globales, ha dicho una y otra vez el presidente Peña Nieto en sus reuniones con embajadores y cónsules. El “Mexican Moment” sigue consiguiendo portadas y mensajes positivos en la prensa mundial. ¡Y qué bueno! Pero lo que pocos han cuestionado es que este país de moda está evadiendo su responsabilidad global sobre uno de los retos más urgentes en materia de Derechos Humanos: la homofobia en África.

Desde enero de 2014, México tiene un asiento en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra. La participación mexicana en el Consejo es importante y al estrenarse como representante mexicano ante el mismo, el embajador Jorge Lomónaco señaló que “México es un actor con responsabilidad global, comprometido a velar por el pleno goce de los derechos humanos, tanto al interior del país como en el ámbito internacional” y condenó la violencia y los abusos contra la población civil en la República Centroafricana en una sesión especial del pasado 20 de enero.

Por ello es incomprensible el silencio que ha guardado México ante la reciente aprobación de una ley que condena hasta con cadena perpetua la homosexualidad en Uganda. Esa ley es el resultado del activismo que han hecho las iglesias evangélicas estadounidenses en África, convirtiéndola en la zona más homofóbica del planeta, con 38 de 53 países africanos que han declarado ilegal la homosexualidad desde 2008 y con tres países que incluso dictan la pena de muerte a los homosexuales (Sudán, Nigeria y Mauritania).

Poco a poco se ha ido construyendo el consenso de que los derechos de personas gays, lesbianas, bisexuales y trans (LGBT) son derechos humanos. Así lo dijo sin tapujos el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, en 2012, al lanzar la primera campaña global de la ONU por los derechos LGBT. Así lo dijo también la exsecretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton en 2010 al anunciar la defensa de los derechos LGBT como un nuevo eje de la política exterior de su país. Así lo dijo tímidamente el primer reporte sobre la situación de los Derechos LGBT en el mundo, elaborado en 2011 por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, y así lo ha expresado la Unión Europea.

Resulta entonces fundamental que México salga del clóset y que nuestra diplomacia en Ginebra condene la ley de Uganda y que participe activamente en la promoción de los derechos LGBT en las instancias multilaterales. Ello representa un acto de coherencia con los avances que ha habido en el país en esa materia y a nivel nacional sería un claro rompimiento con el “asquito” del sexenio de Felipe Calderón.

En México ha habido ya importantes avances en los últimos 14 años para la no discriminación y los derechos de las personas LGBT. Aún falta mucho por hacer en el país, como decretar el 17 de mayo como el día nacional contra la homofobia y la transfobia, promover una campaña contra la homofobia desde el Conapred, combatir los asesinatos de activistas LGBT, promover los derechos trans, de los niños y adolescentes LGBT en situación de calle y muchos temas más. Incluso apenas ayer fue admitida una demanda en un Tribunal en Oaxaca en contra del presidente Peña Nieto, los gobernadores y los congresos de los 31 estados por no promover reformas para reconocer el matrimonio igualitario en el país.

El gobierno de Peña Nieto puede y debe hacer mucho más a nivel nacional para promover los derechos LGBT a nivel nacional, antes de que se acumulen nuevas demandas en su contra, así como a nivel multilateral en los foros donde participa. Una condena mexicana a la ley de Uganda en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU sería histórica. Ojalá que el Canciller Meade valore el momento histórico, salga del clóset como Hillary y Ban ki Moon y se sume al creciente consenso de que los derechos LGBT son derechos humanos y viceversa y que la presencia mexicana en el Consejo de la ONU deje constancia del país que hoy somos y no sólo sirva para calentar el asiento.

Por Génaro Lozano

Source: Reforma

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